Fácil, rápido. O el valor del correo electrónico.


No es lo mismo “fácil” que “rápido”. Este es el problema de comunicación oral  que suele existir entre un programador y un cliente. Me explico. A veces, un trabajo del que un cliente solicita valoración no es de envergadura suficiente como para generar un proyecto y el cliente se lo expone de palabra al programador. Por lo general, el programador se hace una idea mental de cómo haría qué. Si esta estructura mental no es complicada de generar, posiblemente el programador conteste al cliente que es “fácil”. Aquí viene el primer problema. Al recibir el mensaje “fácil”, el cliente puede entender que lo que solicita será “rápido” de hacer y, por consiguiente, “barato”.

Seguramente, si el cliente hubiera usado el correo electrónico para comunicar sus necesidades al programador, hubiera explicado más y mejor los requerimientos.

Seguramente, al enfrentarse el programador con un correo electrónico, lo habría leído en detalle y calibrado todas las posibilidades (opción que no tiene al responder de palabra inmediatamente) y, al contestarlo, no habría usado palabras ambiguas en su respuesta.

Conclusión: Cliente, cuando quiera saber algo, pregúntelo por correo electrónico. Programador, cuando quiera contestar algo, no lo haga inmediatamente, piénselo un rato y envíe la respuesta por correo electrónico. Se evitarán discusiones y malentendidos.

 

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